Mi
experiencia impartiendo clases data de 1986, iniciando en el nivel de
bachillerato; en 1990, incursioné por primera vez en el nivel
universitario. Aunque mi inicio en la enseñanza no fue en un sistema
tradicional (inicié en el sistema abierto del Tecnológico de Monterrey), podría decir que de
cualquier manera seguí los patrones del modelo educativo centrado en la
enseñanza (modelo tradicional) durante más de diez años. Mi transición a
un modelo centrado en el aprendizaje (nuevo modelo educativo) se dio
cuando inicié mi actividad en el rediseño1
(1997) y me involucré en el sistema de la Universidad Virtual del
Tecnológico de Monterrey.
La tecnología puede ayudar mucho a
la educación, pero no es su esencia. El que desde hace varios años yo haya
tenido una significativa experiencia con el uso de nuevas tecnologías en
educación (y me haya impresionado con su potencial), no implica que piense
que la tecnología es la llave para hacer la educación excepcional. La
esencia del éxito educativo se centra más en la cantidad y calidad del
aprendizaje de los alumnos, que en el tipo o mejoramiento de la enseñanza.
Todo mejoramiento actual en la enseñanza de hoy deberá estar enfocado a
mejorar el aprendizaje. Esa es la clave.
Los siguientes son cuatro
principios que guían mi filosofía como profesor: considerar la enseñanza
como un continuo proceso de aprendizaje, concentrarse en el aprendizaje en
lugar de la enseñanza, diseñar mi enseñanza acorde con un contexto general
e incluir principios y valores en mi práctica educativa.
La enseñanza como un continuo proceso
de aprendizaje. Cada
persona puede aprender al enseñar, incluso si no tiene la intención de
convertirse formalmente en profesor, instructor o maestro. Me gusta
enseñar porque aprendo. Me gusta imaginar que el aprendizaje es el oxígeno
de la enseñanza. Si no aprendiera al enseñar, sentiría que estoy muriendo.
El modelo tradicional de educación debe
cambiar, colocando al aprendizaje en su centro.
El modelo educativo tradicional implica específicos roles para profesores
y estudiantes. El profesor siempre toma el rol activo en este modelo. El
profesor es el “transmisor” del conocimiento (o de la mera información),
el único evaluador y el único en decidir el qué y el cómo del proceso
educativo en general. Por consiguiente, el alumno reacciona de manera
pasiva. El rol del estudiante es de “receptor” del conocimiento o de la
información y no tiene decisión en la evaluación o en el proceso de
educación general.
Esta relación entre el profesor y
el alumno resulta en una interacción asimétrica, en donde prevalecen los
intereses y propósitos del profesor, en demérito del aprendizaje del
alumno. El modelo educativo tradicional basado en la enseñanza ha tenido
el efecto de reinformar el rol pasivo del alumno. Este modelo tradicional
debe beneficiarse de algunas modificaciones, de manera que se pueda lograr
una relación más simétrica entre el profesor y el estudiante. A nivel
universitario, los profesores deben colocar el aprendizaje en el centro
del modelo educativo, logrando mayor simetría en la relación
profesor-alumno. Colocando al aprendizaje, el más importante elemento del
proceso educativo, en el centro causará una alteración en los roles
tradicionales de profesores y estudiantes. Las universidades deben
esforzarse en tener estudiantes más activos, de manera que sus graduados
sean más profesionales y competentes.
Enseñar
cómo satisfacer ciertas necesidades de nuestro contexto social, económico
y/o político. Todos
aquellos que enseñamos o participamos en el nivel universitario debemos
tener los ojos abiertos sobre lo que pasa en nuestro contexto, fuera del
salón de clase y de la universidad misma. No debemos perder de vista todos
los cambios que se están dando en nuestra comunidad, país y el mundo en
general. Esto le da al profesor un mejor sentido de lo que puede ser
benéfico para un mejor ambiente de aprendizaje, de las habilidades
profesionales que más se requieren y de las actitudes más apropiadas para
nuestros futuros graduados.
Los estudiantes tienen una
infinidad de interacciones personales en contextos informales, incluyendo
a la familia, los amigos, organizaciones sociales y medios de comunicación
masiva –con mayor énfasis, hoy en día, en el Internet. Los profesores
debemos asegurar que el aprendizaje universitario sea también
interaccional e, inclusive, contextual, si es que deseamos que nuestros
estudiantes tengan éxito en su futuro como profesionales.
El aprendizaje debe tener una estrecha
relación con principios y valores.
Los profesores somos responsables de diseñar una serie de actividades en
las que los estudiantes se involucren, de manera que se logre el objetivo
principal: el aprender. Estoy convencido de que mi enseñanza no solamente
debe estar enfocada en el mejoramiento del aprendizaje de mis estudiantes,
sino también en el que ellos adquieran ciertas habilidades y refuercen
específicos valores que le serán requeridos en el mundo profesional e,
incluso, en su vida personal. No olvido aquí el que, como lo dice la
Misión del Tecnológico de Monterrey2,
estamos formando personas. Los principios a los que me refiero aquí son
aquéllos que les ayudarán a su madurez de carácter, personal y
profesional, principios que yo mismo considero importantes y trato de
seguir.
En este sentido, y para salvar la
función de la enseñanza, considero que la innovación educativa es
necesaria. Nuestra sociedad debe ser capaz de adaptarse a los retos de
nuestro tiempo y cambiar, usando los mismos recursos, quizás a veces
menos. Creo que podemos cambiar nuestro modelo educativo con la misma
tecnología y recursos que ahora tenemos. Poner al día nuestra tecnología
sería benéfico, pero no es un requisito. Al contrario, es muy importante
el que los profesores adquieran y compartan su experiencia con la
tecnología existente; incluso, sería benéfico el enlistar las experiencias
de aquellos alumnos expertos en nuevas tecnologías y compartirlo con otros
profesores y estudiantes por igual.
Al igual que la innovación,
considero que la calidad y el mejoramiento continuo son indispensables en
la educación. En cuanto a la calidad (un atributo que hace valioso a un
profesional en cualquier organización), personalmente trato de hacer el
ejemplo, haciendo énfasis no solamente en realizar las cosas bien, sino
también en realizarlas lo mejor posible cada vez. Trato, por ejemplo, en
integrar esta calidad y el mejoramiento continuo dentro de mis clases y en
cada actividad del curso.
Tres valores muy importantes en mi
experiencia de enseñanza y aprendizaje son la honestidad, el respeto y la
responsabilidad, los cuales se han vuelto parte de mi código y rol de
vida. Considero a cada estudiante como una persona y estoy convencido de
que mi enseñanza tiene un fuerte impacto en su formación como estudiante,
profesional, ciudadano y humano. Me gustaría establecer un patrón que mis
estudiantes puedan seguir, de manera que ellos puedan adquirir no sólo
conocimientos, pero también valores y principios.
Como lo expresé al inicio de mi
filosofía educativa, imagino al aprendizaje como el oxígeno de la
enseñanza. Puedo decir ahora que considero mis valores y principios como
un filtro para ese oxígeno. Y así como para respirar necesitamos de un
continuo aire limpio y fresco, para enseñar yo requiero de un continuo
aprendizaje limpio y fresco.
Notas:
1.
El Tecnológico
de Monterrey decidió, en 1997, iniciar un cambio de su modelo
educativo y avanzar a uno centrado en el aprendizaje. Inicialmente, a este
proyecto se le llamó “rediseño”.
2.
La misión hacia el 2015.